A sus 81 años, Carmen Souto, vecina de Vilariño, Nigrán, y conocida cariñosamente como Carmelita, ha trasformado su pasión por el arte y la creatividad en un hermoso proyecto que llena de color los muros de su jardín.
Todo comenzó tras un viaje al emblemático Parque Güell de Barcelona, donde quedó maravillada con los mosaicos de Gaudí. Inspirada por el artista catalán, y con un montón de azulejos reciclados de su empresa familiar Areeira de materiales de construcción, Carmelita comenzó hace 15 años a crear sus propios mosaicos. “Teníamos muchas muestras de azulejos que tirábamos, así que pensé en aprovechar esas piezas y hacer algo bonito”, comenta con entusiasmo.
Su trayectoria como costurera y empresaria, junto con su espíritu artístico, la llevaron a transformar paredes y espacios en obras de arte únicas. Así, Carmelita plasmó en los muros de su jardín los hórreos de Combarro, además de barcos, el Faro de Cabo Silleiro, la Virgen del Carmen, Santa Cristina de Sabarís, las tres carabelas, el puente románico de A Ramallosa, el antiguo tranvía a Gondomar, los nombres de sus nietos, aviones, el arcoíris, la luna, un globo o figuras de animales, como elefantes, vacas, pavos reales, pájaros, ovejas o los caballos salvajes de A Serra da Groba.
Su método es sencillo, primero rompe los azulejos con un martillo, pega las piezas con cemento y cubre las uniones con lechada para darles un acabado perfecto. La colaboración de su nieta Antía, que pinta el fondo, hace que cada obra sea aún más especial. Aunque cada mosaico le lleva unos 20 días, Carmelita disfruta cada momento, dedicándole unas pocas horas al día a su pasión.
Actualmente ha construido unos 60 metros cuadrados de mosaicos en los muros de su finca, y su creatividad no tiene límites. “Al principio mis hijos no estaban muy convencidos, pero ahora les encanta ver cómo va quedando. Para mí, lo más bonito es hacer los mosaicos; disfruto mucho con ello”, confiesa con una sonrisa.
Su devoción por San Antonio de Vilariño también se refleja en sus obras, donde está creando un mosaico del Santo y el Convento de los Padres Franciscanos en la pared exterior de su finca, ya que las interiores están llenas de sus creaciones. Su familia se pregunta cual será su próximo mosaico, porque Carmelita no piensa parar de crear sus particulares obras de arte.
