ALFREDO // Ladeira y Ladiña en el puerto de Oia

Los encuentros con delfines salvajes suelen despertar fascinación y emoción entre vecinos, bañistas y navegantes. Sin embargo, un reciente estudio científico publicado en la revista especializada Animal Behaviour advierte de que la interacción humana con los llamados arroaces solitarios puede acabar teniendo consecuencias muy graves tanto para los animales como para las personas.

La investigación, desarrollada por expertos internacionales y entidades de conservación marina, analiza por primera vez todos los casos documentados de arroaces solitarios registrados en aguas españolas desde 1970. En total se identificaron 17 ejemplares, de los cuales 14 fueron observados en Galicia, consolidando a la comunidad gallega como uno de los principales focos de este fenómeno.

El estudio explica que algunos de estos animales pasan de vivir aislados a buscar de forma activa el contacto con los humanos, convirtiéndose en lo que los científicos denominan “arroaces solitarios-sociables” o “arroaces embajadores”. Una situación que, aunque muchas veces se interpreta como algo entrañable o extraordinario, entraña importantes riesgos.

La investigación analiza casos muy conocidos en Galicia, como los de los delfines Gaspar y Confi, mostrando cómo estas interacciones pueden evolucionar hasta afectar seriamente al bienestar del animal.

La autora principal del estudio, Laetitia Nunny, responsable científica de la organización internacional OceanCare, advirtió de las consecuencias que puede tener este comportamiento humano. “Moita xente pensa que achegarse a un arroaz salvaxe pode ser unha experiencia máxica e queren facelo sen ter en conta o impacto que isto ten no animal”, explicó. Además, recordó que muchos de estos ejemplares terminan muriendo como consecuencia de sus frecuentes encuentros con personas y embarcaciones.

Nunny lamentó especialmente el caso reciente de Ladiña, un joven arroaz gallego mencionado en el estudio y fallecido tras sufrir graves heridas provocadas por la hélice de una embarcación. “É crucial reflexionar sempre sobre como as nosas accións poden afectar aos animais mariños”, subrayó.

El estudio también alerta de los riesgos para la seguridad humana. Los científicos señalan que el acercamiento continuo de estos delfines a nadadores, buceadores o navegantes puede generar situaciones peligrosas e imprevisibles.

Desde Galicia, el presidente de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA), Alfredo López, lleva más de tres décadas investigando este fenómeno. El experto explicó que los arroaces solitarios “compensan a súa falta de sociabilidade achegándose a nadadores e navegantes”, aunque advirtió de que estos animales “non entenden completamente que a condición humana é moi diferente á da súa propia especie”.

El investigador fue contundente al señalar que los delfinessó ven unha parte da nosa personalidade humana, quizais a mellor, pero non aprecian aspectos negativos como o egoísmo, a agresión ou a vaidade; isto é o que finalmente os mata”.

La investigación apuesta por reforzar las medidas de protección ya existentes y plantea la necesidad de actuar de forma temprana para evitar que los arroaces desarrollen dependencia o exceso de confianza hacia los humanos. Entre las recomendaciones se incluyen restricciones temporales en determinadas zonas marítimas, campañas de concienciación y una mayor vigilancia sobre las actividades náuticas.

Los autores concluyen que una gestión coordinada, preventiva y basada en criterios científicos será clave para garantizar la convivencia responsable entre personas y cetáceos en las costas españolas, especialmente en Galicia, donde este fenómeno sigue teniendo una enorme relevancia.