Lo que para muchos fue una tranquila tarde de playa terminó convirtiéndose en una operación de alto riesgo para el refugio La Isla de Tali, que logró rescatar a una gata que llevaba cuatro días atrapada a unos diez metros de altura en un árbol en el Club de Campo de Coruxo, en Vigo.

La intervención fue llevada a cabo por Natalia Rodríguez, conocida como «Tali», responsable del refugio, quien decidió actuar después de que los trabajadores de la finca le pidieran ayuda al comprobar que el animal apenas reaccionaba tras varios días sin poder bajar del árbol.

Según relataron desde el refugio, durante esos cuatro días se solicitó la intervención de distintos servicios de emergencia. Los trabajadores aseguran que contactaron con Bomberos, el 112, la Policía Local, 092, emergencia, aunque únicamente acudió una patrulla de la Policía Local, cuyos agentes explicaron que no podían intervenir al no tratarse de una competencia municipal. El resto de organismos, afirman, consideró que no se trataba de una emergencia prioritaria y no ofreció una solución alternativa.

Un rescate sin experiencia ni material de seguridad

Ante la falta de respuesta, Tali decidió asumir el rescate pese a no contar con formación específica ni equipos de protección. «Cuando vimos la altura pensé que no sería capaz. No tenía experiencia, conocimientos ni equipo de seguridad, solo guantes, una cuerda y una bolsa para poder bajarla«, explica.

La rescatadora escaló el árbol utilizando únicamente la corteza y unas ramas muy separadas entre sí, algunas de ellas secas. Su pareja permaneció en la base del árbol y consiguió lanzarle una cuerda cuando ya había alcanzado una considerable altura para ofrecerle un apoyo adicional. «Me quemé en varias zonas, no paraba de temblar e hiperventilar por el miedo y el esfuerzo, pero sabía que rendirme significaba dejarla morir allí», relata.

«Cuando me vio, empezó a ronronear»

El momento más emocionante llegó cuando la rescatadora consiguió situarse a escasos centímetros del animal. «Se giró hacia mí. En ese momento comprobé que seguía viva y comenzó a ronronear mientras le decía que ya estaba a salvo. Todo el miedo se transformó en fuerza para continuar», recuerda.

La operación para introducir a la gata en una bolsa resultó especialmente complicada, ya que el animal, asustado, intentaba escapar mientras Tali apenas podía mantenerse sujeta al árbol. «La bolsa llegó a romperse y tuve que descender prácticamente utilizando una sola mano, mientras con la otra la mantenía cerrada para evitar que cayese», explica. Finalmente, ambas consiguieron llegar al suelo sanas y salvas.

Atenea, símbolo de supervivencia

La gata, bautizada como Atenea, «por lo que simboliza: valentía, fortaleza y supervivencia», llegó al refugio con claros síntomas de deshidratación, hambre y sed, aunque, según el refugio, no dejó de ronronear desde el momento en que fue rescatada. «Nos dijeron que el animal podría pertenecer a unos vecinos de la zona«. Por ello, intentará localizar a sus propietarios y comprobar que puedan hacerse cargo de ella en condiciones adecuadas. En caso contrario, Atenea permanecerá bajo la protección del refugio hasta encontrar una familia adoptiva.

Una llamada de atención

Desde La Isla de Tali, que actualmente atiende más de 200 animales, entre ellos más de 50 gatos, todos ellos sostenidos exclusivamente mediante donaciones particulares, consideran que este rescate pone de manifiesto la necesidad de revisar los protocolos de actuación en este tipo de situaciones.

«Salvar una vida, aunque sea la de un animal, también debería considerarse una urgencia», señalan Tali, convencida de que, si ellos no hubieran acudido, la gata no habría tenido ninguna posibilidad de sobrevivir.