ALFREDO // Ángel con parte de su colección de mecheros

A sus 63 años y marinero jubilado, Ángel Vieira, más conocido como Lito, dedica su tiempo a una afición que se ha convertido en parte esencial de su vida: el coleccionismo. Lo que comenzó hace 35 años con un simple mechero se transformó en una de las colecciones más impresionantes de España. Hoy, este vecino de Goián posee más de 101.000 mecheros catalogados de distintos modelos y formas, lo que lo sitúa como el mayor coleccionista del país.

É algo que morrerá comigo”, reconoce. Su pasión lo llevó incluso a superar un bache competitivo; cuando un madrileño le ganó en número de piezas, Ángel hizo un llamamiento público en los medios y recibió donaciones de colecciones completas, algunas de hasta 2.000 unidades. Desde entonces, recorre Galicia y Portugal en busca de nuevas incorporaciones.

Pero los mecheros no son su único tesoro. Lito atesora también más de 6.500 jarras y copas de cerveza de todo el mundo, muchas de ellas piezas únicas de barro o cristal con diseños singulares, cuidadosamente guardadas en más de 50 cajas para evitar daños. “Non as gozo bebendo, senón mirándoas”, confiesa. Su afición nació hace unos 25 años durante sus viajes como marinero. En los aeropuertos alemanes descubrió que cada cerveza se servía en una copa diferente de la misma marca, y aquella atención al diseño lo atrapó para siempre. Desde entonces, no hay mercadillo en Portugal, desde Caminha hasta Oporto, que no conozca.

El coleccionismo de Lito alcanza también al universo de Coca-Cola, marca de la que guarda centenares de objetos, vasos, botellas de cristal y aluminio, bandejas, toallas, radios, teléfonos, balones de distintos mundiales, muñecos, servilleteros, trofeos, relojes, carteles y ediciones limitadas difíciles de conseguir. “Coca-Cola apoderouse de todo, ata dun simple pano de mesa”, dice con asombro. Tanto es así que tiene una habitación entera dedicada a esta colección, aunque reconoce que ya no dispone de espacio para exhibirlo todo.

Su casa es, literalmente, un museo. Amigos y conocidos lo visitan sorprendidos por la magnitud de sus colecciones, que en alguna ocasión han sido objeto de visitas guiadas de colegios o entrevistas de medios. Sin embargo, Lito admite que nunca encontró una institución que le ofreciera garantías suficientes para exponer públicamente sus piezas.

El coleccionismo, asegura, “é un vicio, pero san”. En su caso, también costoso. Calcula que ha invertido más de 8.000 euros en jarras y copas de cerveza a lo largo de los años. Su hijo le ha sugerido construir una nave con estanterías para poder mostrarlo todo, pero de momento Ángel sigue almacenando cuidadosamente sus piezas y protegiéndolas del polvo y de los golpes.

Morrerei cunha xerra de cervexa na man”, bromea. A su lado, su mujer, a la que define como “unha santa”. Lo acompaña en mercadillos y viajes, y también cultiva su propia colección, pocillos de café en miniatura y más de un centenar de imágenes de santos.

Ángel no presume, pero sabe que lo suyo no es una simple afición. “Eu non teño unha casa, teño un museo”, le dicen sus amigos. Y quizá tengan razón. Entre mecheros, jarras, copas y artículos de Coca-Cola, la historia de su vida está escrita en miles de objetos que, como él mismo reconoce, no tienen precio, pero sí un valor incalculable.

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