Dolores Leyenda, toda una vida haciendo churros en Baiona
BANDALLO // Dolores Leyenda en la churrería Emilín

Dolores Leyenda tiene 79 años y lleva toda una vida haciendo churros. Aunque está jubilada, acude todos los días a la churrería “Emilín”, ahora regentada por su hijo, para ponerse al pie del cañón y vender los churros más famosos de Baiona.

Comenzó con su marido Emilín, ya fallecido, con un kiosco ubicado en la calle Ramón y Cajal de Baiona allá por el año 1971, y desde entonces no paró de elaborar churros. “Empezamos empeñados, vendiendo churros y patatas fritas. Trabajamos muy duramente, muchas horas al día, pero el esfuerzo mereció la pena”, comentó Leyenda.

Tras una temporada en esa calle, se trasladan a la entrada del Parador donde ubican la churrería Emilín. “Ahí, aparte de vender churros y patatas, también vendíamos chocolate y helados” relató la churrera. Pero tras 16 años instalados en el paseo de A Riberia, una ordenanza municipal les instaba adaptar el inmueble al entorno del Parador para no afear el paisaje, ya que la churrería era de aluminio. “Teníamos la obra casi termina pero aún así el Concello mandó una orden de derribo y nos tiraron todo. Vino la Policía Local y se llevaron detenido a mi marido” relató Leyenda con añoranza recordando lo sucedido.

Tras el derribo de la mítica churrería, se instalan en el número uno de la calle Marqués de Quintanar, donde pasan 20 años de su vida. Ahora, emplazados en la calle Ramón y Cajal desde hace tres años, sigue vendiendo churros como el primer día. “El negocio lo regenta mi hijo pero yo vengo todos los días ya que me gusta mucho y estoy entretenida,” asegura Dolores, que nos da la receta para hacer un buen churro, “agua, harina y sal. No hay truco ninguno. Luego se fríen en un buen aceite y se le echa azúcar”.

A lo largo de estos 46 años de existencia, la churrería Emilín ha vendido “millones” de churros, siendo un referente en todo O Val Miñor y en toda Galicia.

Dolores Leyenda, toda una vida haciendo churros en Baiona
CEDIDA // La churrería Emilín en el paseo de A Ribeira