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El Guardés se despidió de la Liga Europea con la cabeza bien alta. Lo hizo tras ofrecer un altísimo rendimiento contra el Besançon, que hizo valer los once tantos de ventaja que obtuvo en el encuentro de ida en Francia (34-23) para gestionar con tranquilidad el encuentro y acabar ganándolo merced al agotamiento final de las locales.

Como si no hubiese habido ida. Como si fuera una final. Así saltó el Guardés a la pista, decidido a cumplir la premisa que propuso su entrenador: ganar el partido. Y para conseguirlo, establecieron un contundente parcial de 5-1 de salida que disparó la ilusión de A Sangriña. Pronto se vio que la agresividad que el conjunto galo exhibió en el primer partido sí que iba a recibir sanción en A Guarda. Dos jugadoras excluidas nada más comenzar permitieron al conjunto de Prades abrir las alas, con una defensa 5.1 muy profunda y presionante.

Había que arriesgar. Eso costó más de un gol en contra, con Lucie Granier castigando desde el extremo y al contraataque. También Dembele, imparable en la primera línea. Lógicamente, el potencial visitante era grande. Pero la competitividad local también. Así, con un balonmano coral en ataque, con constantes cruces y cambios de dirección y posiciones, las jugadoras de Prades se fueron manteniendo en cabeza durante todo el primer acto. Tan solo un par de veces empató el Besançon, pero las jugadoras locales aguantaron el tipo y se fueron por delante al descanso (16-15).

El esfuerzo había sido grande y había que acumularlo al maratón de las últimas dos semanas. Tenía que notarse. Y se notó. El mejor ejemplo, varios errores de Arcos en el lanzamiento. Y cuando la más clarividente falla, es que algo pasa. Además, el Besançon se ajustó mejor atrás y su portería empezó a producir. Cuando eso sucede, el equipo francés castiga sin piedad al contraataque. De esa manera se puso por delante por primera vez en el partido mediada la segunda mitad.

Fue un momento clave. Prades decidió dar minutos a las juveniles Yaiza Alonso y Aroa Fernández, para que disfrutasen de la experiencia europea. El conjunto galo no levantó el pie. Seguía anotando y corriendo. Todo bajo la batuta de una Juliette Faure brillantísima. La central gala dio una exhibición sobre el parqué de A Sangriña.

De esta forma, el Besançon se garantizó ganar también el partido de vuelta. Pero no importó.A Sangriña se rompió las manos aplaudiendo a sus jugadoras, que se dejaron los pocos gramos de fuerzas que les quedaban sobre la pista para finalizar 2021 con la cabeza alta. Ahora toca descansar, cargar las pilas y volver el año que viene para dar la batalla en la Liga Guerreras Iberdrola y en la Copa de la Reina.