El profesor de Estudios Transfronterizos de la Universidad de Arizona, Francisco Lara Valencia calificó el AECT Río Miño como un ejemplo de cómo se deben defender los territorios transfronterizos a nivel global. Lo hizo en la mesa redonda ‘El impacto de la COVID-19 en la frontera España-Portugal’ celebrada ayer dentro del proyecto ‘La reconfiguración de las fronteras en el siglo XXI’, organizada por el Colegio de la Frontera Norte de México con emisión online para todo el Pacífico, América central y España.
En la jornada se puso sobre la mesa como la COVID cerró de manera muy diferente las fronteras de manera global en todos los continentes, así como las particularidades en diferentes países, en concreto entre España y Portugal, pero también entre Estados Unidos, Canadá, México u otros estados sudamericanos.
El ejemplo de lo acontecido en el Río Miño centró buena parte de los discursos de los participantes -moderados por el coordinador del Observatorio de Gobernanza G3 de la Universidad de Vigo Enrique Varela Álvarez-: el diputado y vicedirector del AECT Río Miño Uxío Benítez; el secretario general de la Red Ibérica de Entidades Transfronterizas Pablo Rivera Búa; el catedrático de Geografía Política de la Complutense de Madrid, Heriberto Cairo; y el profesor de la Escuela de Estudios Transfronterizos e integrante de la Universidad de Arizona, Francisco Lara Valencia.
Este especialista subrayó que la probabilidad de cierre total de las fronteras en estados y regiones es mucho mayor cuando no existen antecedentes de cooperación transfronteriza, por lo que subrayó que la existencia de estructuras de gobernanza local y la actividad de organismos como el de la AECT Río Miño “son esenciales en la generación de esquemas innovativos para la gestión de los retos que genera, por ejemplo, la propagación de la COVID”.
Subrayó, de hecho, que cuando organismos como el AECT no están presentes “simplemente no hay concertación y la acción de los gobiernos centrales es mucho más prominente en la gestión fronteriza”, poniendo de manifiesto que el cierre de la frontera en el Río Miño, a pesar de haber sido muy dañino para el territorio miñoto, podría aún causar más consecuencias negativas de no contar con una institución directa que defendió los intereses de la zona.
También el secretario general de la Red Ibérica de Entidades Transfronterizas, Pablo Rivera, centró su participación en el seminario en lo acontecido en la ‘raya’ del Miño. Subrayó que la zona vivió 174 días de frontera cerrada, “un dato que sobrecoge porque fue muy difícil explicar a la población que los gobiernos estatales no tuvieran un protocolo de actuación para ciudades gemelas que viven de cara y trabajan conjuntamente”, a pesar de estar en países diferentes.
Señaló que en esta situación el AECT Río Miño cogió las riendas de las reivindicaciones juntando a todos los Concellos y cámaras de ambas orillas de la raya, pero la consecuencia final fue que “la confianza entre las gentes gallegas y portuguesas se vio deteriorada” por la acción de sus gobiernos centrales.
Por su parte, el vicedirector del AECT Río Miño hizo un recorrido por todo lo acontecido en la pandemia, las protestas y reivindicaciones conjuntas de los 16 municipios que conforman el agrupamiento europeo a pesar de las muy diferentes colores políticos. Recordó que a día de hoy se sigue reclamando la puesta en marcha de una tarjeta transfronteriza, que se tengan en cuenta los gobiernos locales en la toma de decisiones por ser los más próximos al territorio; así como que se implementen líneas de apoyo específicas por el impacto doble que tuvo la COVID en los territorios de frontera, así como medidas urgentes de dinamización.
“As fronteiras son unha invención humana, unha barreira absurda e intanxible nun mundo global como o actual, nunha era como a dixital na que non se poden poñer barreiras. Hai que fortalecer as alianzas e apostar polas fronteiras dende as administracións como áreas de desenvolvemento, de creación e non de división marcando distancias artificiais”, subrayó.
