Un cementerio con un ataúd, un esqueleto al que llaman Don Manuel, una abuela que vela al difunto mientras ve Cuarto Milenio, muertos escondidos en un congelador, cuerpos ahorcados, murciélagos enjaulados y hasta la niña de El exorcista. Son algunos de los elementos que convierten estos días la casa de la familia Abril, situada en Navas, en Priegue (Nigrán), en uno de los escenarios más terroríficos de la comarca con motivo del Samaín.
Al frente de esta particular transformación está María José Abril Seijo, que ha vuelto a echar mano de su imaginación para decorar tanto la vivienda como la finca familiar. Después de sorprender el pasado año con el Samaín y la ambientación navideña, la vecina repite ahora con una propuesta de miedo que combina figuras, iluminación, sonidos y rincones preparados para que quienes se acerquen puedan llevarse un recuerdo fotográfico.
La afición por esta decoración comenzó casi por casualidad. «El año pasado iba a hacer la temática de otoño. Fuimos a una tienda mi hija, una amiga y yo, y pedimos todo del Samaín. Al llegar a casa me puse a montarlo», cuenta María José. La experiencia tuvo una buena acogida y este año decidió volver a preparar la casa para la ocasión.
Un recorrido entre muertos, brujas y esqueletos
La visita comienza en el exterior, donde uno de los espacios recrea un cementerio con flores, velas y un ataúd que alberga a Don Manuel. A su lado, una anciana permanece velando al difunto, con una guadaña y hasta un suero, mientras la televisión sigue encendida con su programa favorito de misterio.
La ambientación continúa por el portal de entrada, decorado con un antiguo arado y figuras que contribuyen a crear una atmósfera inquietante. En otros rincones aparecen cuerpos sin vida, uno dentro de un congelador y otro tendido en el suelo, además de paredes cubiertas de telarañas, máscaras y efectos sonoros diseñados para sobresaltar a los visitantes.
La finca también reserva espacio para los clásicos del imaginario terrorífico, brujas que emiten sonidos, murciélagos enjaulados, esqueletos, gatos negros, calabazas y personajes inspirados en películas de miedo. Entre ellos destaca la conocida niña de El Exorcista, rodeada de velas.
La decoración no se limita a los sustos. María José ha preparado un espacio para hacerse fotografías, con atrezo y prendas para quienes acudan sin disfraz. También hay un payaso encargado de ofrecer caramelos a los visitantes.
Una fiesta abierta a vecinos y visitantes
La familia ha organizado una fiesta de inauguración este viernes 30 de octubre, a partir de las 19:30 horas, a la que invita a todas las personas que quieran acercarse hasta su vivienda, en Navas, Priegue.
La idea es compartir la decoración en un ambiente festivo, con música y espacio para reunirse. Cada asistente podrá llevar su propia comida y bebida, mientras que la familia pondrá el lugar y prepara también alguna sorpresa para la ocasión. «Cada uno que traiga lo que quiera, de beber o de comer, que nosotros ponemos el sitio», explica María José, que anima a vecinos y curiosos a participar en la celebración.
La decoración permanecerá instalada hasta la noche del domingo 1 de noviembre, por lo que habrá tiempo durante todo el fin de semana para acercarse a conocer este peculiar recorrido del Samaín.
Un confesionario con una finalidad solidaria
Entre las escenas más singulares de la finca hay también un confesionario construido artesanalmente con cartón. En su interior, una monja espera para confesarse, a la espera de que llegue el cura. Sin embargo, detrás de este rincón hay una finalidad que va más allá de la ambientación terrorífica.
La familia ha colocado un recipiente para recoger donativos destinados a contribuir a la reparación del tejado de la iglesia de Priegue, cuyo estado necesita mejoras. Así, entre esqueletos, telarañas y figuras de miedo, la decoración incorpora también una iniciativa solidaria con la parroquia.
La propuesta de María José Abril Seijo demostra que el Samaín puede convertirse en una oportunidad para reunir a la gente, estimular la creatividad y dar vida a los espacios del entorno. En Priegue, la familia Abril ya tiene todo preparado para recibir a quienes quieran disfrutar de una noche de sustos, fotografías y solidaridad.
