ALFREDO // Sabela cruzará el charco para rematar su doctorado en Harvard

Con apenas 25 años recién cumplidos, la trayectoria de Sabela Martínez González parece sacada de una novela académica. La joven guardesa, formada íntegramente en el colegio e instituto A Sangriña, acaba de conseguir una plaza para realizar el doctorado en Filosofía en la prestigiosa Universidad de Harvard, donde además tendrá la oportunidad de impartir clases universitarias mientras desarrolla su investigación.

La noticia ha llenado de orgullo a su familia, a sus antiguos profesores y a toda una localidad que ve cómo una de sus vecinas cruza el Atlántico para incorporarse a una de las instituciones académicas más reconocidas del planeta. «Vou dar clase en Harvard mentres fago o doutoramento. Ás veces dá un pouco de vertixe, pero tamén me fai moitísima ilusión», reconoce Sabela con emoción.

Su historia comenzó en las aulas de A Sangriña, donde cursó toda su formación obligatoria. A los 18 años se trasladó a Madrid para estudiar un doble grado en Filosofía y Ciencias Políticas en la Universidad Complutense. Posteriormente realizó un máster en Estudios Avanzados en Filosofía y desarrolló una estancia de investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), especializada en filosofía de la psiquiatría.

Lejos de conformarse, volvió a intentarlo cuando algunas becas internacionales se le resistieron en un primer momento. Esa perseverancia terminó dando sus frutos. Consiguió simultáneamente las prestigiosas becas Ramón Areces y La Caixa, lo que le permitió continuar su formación en la London School of Economics (LSE), donde actualmente finaliza un máster en Filosofía y Políticas Públicas.

Será el próximo mes de septiembre cuando dé un nuevo salto en su carrera académica y se instale en Cambridge, en el área metropolitana de Boston, para comenzar una etapa que se prolongará durante alrededor de seis años.

Seis plazas para cientos de candidatos

El logro adquiere una dimensión aún mayor si se tiene en cuenta la enorme competitividad de estos programas. Según explica la propia investigadora, este año Harvard recibió entre 400 y 500 solicitudes y únicamente fueron admitidas seis, entre ellas la de Sabela. «Hai moitísimo traballo detrás, pero tamén hai unha parte de sorte. Cando ves que hai seis prazas para centos de solicitudes, dáste conta de que hai moitos factores que inflúen», señala.

Pese a la magnitud del éxito, Sabela rehúye cualquier triunfalismo. De hecho, insiste en que su historia también habla de oportunidades, apoyo familiar, muchas tardes de no salir con sus amigos y esfuerzo continuado. «Os meus pais non foron á universidade e os meus avós tiveron que deixar os estudos moi cedo. Por iso isto ten un significado moi especial para toda a familia», explica. Uno de los momentos más emotivos llegó cuando recibió la confirmación oficial de su admisión. «Foi a primeira vez que vin á miña nai chorar por un logro académico meu», recuerda.

Una de las particularidades del sistema universitario estadounidense es que los doctorandos no solo investigan. A partir de los primeros años de formación pasan a integrarse en la docencia universitaria como asistentes y colaboradores de los profesores. En el caso de Sabela, esto supondrá su estreno como docente en una institución de referencia mundial. «A primeira vez que vou dar clase será en Harvard. Nunca dei clase antes e paréceme algo incrible», afirma.

Sus clases estarán relacionadas con distintas ramas de la Filosofía, desde materias introductorias hasta disciplinas más especializadas como metafísica o epistemología. Además, compartirá aulas con estudiantes procedentes de todos los continentes.

La joven destaca precisamente el carácter internacional de la universidad como uno de sus grandes atractivos. «Hai estudantes de todas partes do mundo. Esa diversidade cultural é unha das maiores riquezas que ten Harvard», afirma.

Aunque pueda parecer sorprendente, Sabela tuvo clara su vocación desde muy pequeña. La semilla de la Filosofía nació en casa, rodeada de libros que su madre utilizaba para terminar sus propios estudios. «Sempre tiven libros de filosofía arredor. Empecei a lelos sendo moi nova e nunca dubidei de que quería dedicarme a isto», recuerda.

A lo largo de los años escuchó muchas veces la misma pregunta, qué salidas tenía estudiar Filosofía. Hoy responde con hechos. «Están a pagarme por facer algo que faría gratis. É un privilexio poder dedicarte a aquilo que realmente che apaixona», afirma.

Antes de emprender su aventura estadounidense, Sabela lanza también una reflexión sobre la situación de la investigación en España y anima a otros estudiantes a mirar más allá de las fronteras. «Temos unha universidade pública extraordinaria e estudantes con moitísimo talento. Gustaríame que máis xente se animase a presentar solicitudes no estranxeiro porque temos nivel para competir nos mellores programas do mundo», sostiene.

Mientras prepara la mudanza, busca vivienda en Boston y tramita su visado, la joven de A Guarda intenta asimilar una realidad que todavía le parece difícil de creer.

Dentro de unos meses, aquella niña que descubrió la Filosofía entre los libros de casa cruzará las puertas de Harvard, no solo como estudiante de doctorado, sino también como profesora. Un viaje extraordinario que comenzó en las aulas de A Sangriña y que ahora sitúa el nombre de A Guarda en una de las universidades más prestigiosas del planeta.