La "novia", Carmen Blanco

En algún momento de nuestra vida casi todos nos casamos. Preparamos todo con mucho tiempo de antelación para que ese día tan especial salga todo perfecto. Que si los fotógrafos, el restaurante, las invitaciones, la música, las flores, el cura o el regidor de turno, el traje del novio y el vestido de la novia. Todo ello lleva su tiempo y a medida que se acerca el día, los nervios se ponen a flor de piel pensando en que algo se nos olvida o puede fallar.

Eso es lo que suele ocurrir en una boda convencional. La de toda la vida. Pero que ocurre cuando un eslabón de la cadena falta, es decir, el novio como es el caso. Pues nada. Eso es lo que hizo el pasado sábado Carmen Blanco, una vecina de Oia de 52 años que quiso celebrar su “No Boda” por todo lo alto “con las personas más importantes de mi vida, las que siempre están ahí para lo que necesites. Una celebración en vida para mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo…”.

Carmen tenía todo preparado para hacer su particular ceremonia en el 2020. Pero el Covid trunco la celebración hasta el pasado sábado. “Empecé a contratar todo con tiempo, el catering, el DJ, que ya estaba contratado desde hace tres años, la carpa, el vestido, e hice realidad todo lo que yo tenía en mente. Todo el mundo estaba de blanco. Todo estaba decorado en Ibiza, en chill out. Una fiesta blanca como yo quería. Salió todo perfecto. Era una fiesta mía, pero para ellos”, señala la feliz “Novia”, quien también iba vestida, como no, de blanco.

La ceremonia se celebró en la terraza Casa Puertas de Oia, con el Monasterio de fondo como testigo, en un día espectacular, con un sol resplandeciente y con música, catering con pinchos muy elaborados, cortador de jamón y hasta una enorme chocolatera. Eran las seis de la tarde cuando la radiante “novia” hizo aparición escoltada por los padrinos. Su madre y su padre. “No recuerdo que música sonaba al entrar porque no era consciente de lo que estaba ocurriendo. La gente gritaba “viva la novia”. Uno a uno fui saludando a los 120 invitados, todos de blanco. Fue un momento muy emotivo”, recuerda emocionada Carmen.

Esta ceremonia tan especial remató de madrugada. “Estoy muy contenta, muy feliz, porque salió todo muy bien. Lo que yo quería se hizo realidad. No hay mayor gratificación que sentir felicidad al ver a todo el mundo contento. Es una pena que se acabara ese día. Fue más bonito que cualquier boda, repetiría al 100%. Era una de las mayores ilusiones de mi vida y está cumplida”, finaliza Carmen Blanco.

Carmen, en medio, con los padrinos