RUBENS // Una castaña afectada por el gorgojo en Santa María de Tebra (Tomiño).

Llegó el otoño, llegaron las castañas. Pero las larvas del gorgojo constituyen una de las principales amenazas de las castañas en las comarcas de O Val Miñor y O Baixo Miño.

El gorgojo de la castaña o ‘Curculio Elephas Gyll’ es una de las plagas más habituales en la castaña. Aunque este año parece estar siendo bastante benigno en cuanto a la salud de las castañas, al menos en la zona de Santa María de Tebra (Tomiño). La presencia de este insecto, que también ataca a las bellotas, no deja de ser habitual en la zona.

Los ataques del gorgojo, una especie perteneciente al orden de los coleópteros o escarabajos, causan la caída prematura de los frutos y provocan su destrucción completa.

Los daños causados por este insecto se deben al hecho de que utiliza los frutos de estos árboles para criar sus larvas. En la época de la puesta, que normalmente abarca los meses de agosto y septiembre, la hembra del gorgojo se posa sobre las castañas y las bellotas, y perfora la cubierta con la ayuda de sus mandíbulas, introduciendo en ella su característica trompa cuya longitud suele superar la de su cuerpo. Una vez que alcanza la pulpa, el gorgojo gira sobre sí mismo para introducir el huevo. Normalmente pone un solo huevo por cada fruto, aunque puede ocurrir que varias hembras hagan sus puestas en un mismo fruto. Transcurridos diez días de incubación, la larva sale del huevo y durante unos cuarenta días, entre los meses de octubre y noviembre, permanece en el interior del fruto, utilizándolo como alimento. Las castañas y bellotas no tardan en echarse a perder, ya que su interior queda convertido en una pequeña red de galerías larvarias repletas de excrementos.

De larva a adulto

RUBENS // Una larva de gorgojo en una castaña.
RUBENS // Una larva de gorgojo en una castaña.

Terminada esta fase, la larva sale al exterior abriendo un orificio en la cáscara y se deja caer al suelo, donde se entierra a una profundidad de entre diez y setenta centímetros. A menudo abandona el fruto cuando este ya ha caído al suelo, de manera prematura, debido al precisamente al ataque del insecto.

Una vez enterrada, la larva construye una especie de celda formada por tierra que endurece previamente con la ayuda de una secreción especial, pasando al estado de crisálida. Protegida de esta forma de las inclemencias del tiempo y de los ataques de los depredadores, permanece en ese estado de diapausa o hibernación hasta el mes de julio. Es en ese período cuando la crisálida se transforma en el insecto adulto, en un proceso que dura alrededor de dos semanas.

Normalmente el ciclo biológico del gorgojo es anual, pero se puede complicar, ya que hay un porcentaje elevado de larvas que, dependiendo de las condiciones ambientales, prolongan el estado de diapausa en vez de transformarse en adultos y esperan otro año antes de salir de nuevo al exterior. Pueden mantenerse en esa situación durante más tiempo, llegando a estar un máximo de cuatro años en el subsuelo.