Miguel Fernández Castañón y José Julián Becerro se impusieron por primera vez en el Descenso Internacional del Miño. Era también su primera participación en K-2 y lograron una cómoda victoria. Relataron un percance que sufrieron y perdieron mucho tiempo, pero lograron remontar. Sus nombres dan brillantez a la prueba organizada por el Club Kayak Tudense. Ambos son subcampeones de Europa de maratón, también en K-2, y ganadores de la última edición del Descenso del Sella.

La prueba tudense contó en su edición número 49 con algunas alteraciones debido a los protocolos de las autoridades sanitarias. Los 400 participantes cumplieron con las normas. Por primera vez en su historia, el Descenso Internacional del Miño la salida se realizó desde el agua. Por clubes se impuso el Ciudad de Pontevedra.

Tanto Miguel Fernández Castañón como José Julián Becerro, del Club Fluvial O Barco, sabían que muchos ojos se posaban sobre ellos. Eran los claros favoritos. Por su historia. Brillante en Europa, con la medalla de plata conquistada en el Europeo de Francia del año pasado, como por la victoria en el Descenso del Sella. Y salieron fuertes, sin querer dar ninguna opción. Su ventaja fue en aumento, tanto como la soltura de sus paladas. Hasta que algo le pasó al barco y se vieron obligados a parar, reparar sobre la marcha, correr un poco por la pradera y volver al agua. Y en todo este proceso desapareció el ‘colchón’ con sus rivales.

Pero volvieron a la lucha y a demostrar que son los mejores en la actualidad en esta disciplina. Fueron los primeros en completar los 17 kilómetros, superando con solvencia a todos los rivales. Entre ellos se encontraban Manuel Carreja y Alberto Figueiras, del Club Piragüismo Viveiro, que fueron segundos, y Jaime Sobrado y Aitor López, del Club Piragüismo Olívico, que fueron terceros. Estas dos embarcaciones llegaron casi igualadas al tramo decisivo. En los últimos metros fue intensa la lucha por el segundo puesto. Y todo ello con Roberto Rodríguez Lechuga y Raimón Gastaldo, del Kayak Tudense, que tenían opciones de ser terceros y se quedaron en el cuarto puesto. Y todos ellos tuvieron que luchar contra otro elemento invisible. En este caso, el viento en contra dificultó la navegación y obligó a todos los palistas a realizar un esfuerzo suplementario.

En K-2 femenino, Ana Varela y Tania Fernández, del Kayak Tudense, fueron las que ocuparon la primera posición. El podio se completó con Fátima Ordoñez y Antía Santiago, del Club As Torres Romería Vikinga, en segundo lugar, y Leticia Piña y Lucía Valiña, del Club Kayak Tudense, en el tercero. Al mismo tiempo, María de la Peña, del Ciudad de Pontevedra, ganó en C-1, Carmen Villar, del Kayak Tudense, en K-1.

En la categoría masculina, Pedro Areal y Julián Serrano, del Club Marítimo de Mahón, fueron los ganadores en C-2, Fernando Busco, del Club As Torres Romería Vikinga, en C-1, y Jesús Rodríguez León, del Club Fluvial o Barco, en K-1. Por clubes se impuso el Ciudad de Pontevedra, mientras en la segunda posición quedó el Club Piragüismo Olívico y en la tercera el As Torres Romería Vikinga.

El Descenso Internacional del Miño llegó a su edición número 49 con una organización especial por parte del Club Kayak Tudense. La competición se tuvo que adaptar a las normas impuestas por las autoridades sanitarias.

Ganadores

Miguel Fernández Castañón reconoció que “sabíamos que no sería fácil, pero pasamos más dificultades de las previstas. Tuvimos un percance y eso nos obligó a tener que remontar el río. Al final tuvimos que luchar contra nosotros mismos, los rivales y también el viento”. Narró que “hubo tramos complicados, pero con esfuerzo alcanzamos la meta primero. Eso era lo importante”. Añadió que “es una satisfacción especial disputar esta prueba por primera vez y ganarla. Es emocionante”.

Por su parte, José Julián Becerro señaló que “el viento fue un grave problema. Pero lo superamos todo para ganar. Estamos muy contentos, porque el Descenso del Miño tiene mucha tradición”. Destacó que “sabíamos que éramos los favoritos, pero eso había que demostrarlo en el agua”. Sobre la organización, señaló que “ha estado impecable. No es fácil tener todo a punto con estas normas sanitarias. Pero hay que acostumbrarse a ellas”.

Reportaje ambiente

El Descenso Internacional del Miño se convirtió en la prueba de los detalles, de los ojos que quieren mirarlo todo para comprender y aceptar que en las competiciones, también en las de piragüismo, poco ha cambiado. Aunque el entorno es distinto, hay esencias que no se han perdido. Filosofías que se mantienen. Gestos y detalles que no rompen ciertas normas, algunas escritas y otras no. Lo lanza a los cuatro vientos Diego Piña, piragüista y también presidente del Club Kayak Tudense, organizador de la prueba: “Hay que ganar en el agua. Vale. Cambiamos las normas para llegar a la salida, para después de la llegada, que no existan aglomeraciones y que tampoco el público se reúna en el entorno del club. Vale. Acepto. Pero hay que remar. Hay que llegar a la meta. Y eso cuesta”.

Son 17 kilómetros, para abajo. Porque el agua del río va para abajo, aunque en eso de las corrientes y del viento hay muchas leyendas. Algunas ciertas. Como esos lugares complicados que conocen a la perfección Enrique Míguez, emblema del Tudense, y su amigo Gustavo López Rey, ganadores en C-2. Cumplieron a rajatabla el protocolo de la organización, diseñado en esta ocasión con el esfuerzo también de Rosendo Burgarín González, un reconocido médico tudense de gran prestigio. Fue el que estuvo presente, como ha realizado también en ocasiones anteriores, en las reuniones de la organización. En esta edición tuvo un protagonismo especial. Dictaminó el ‘otro’ reglamento, el que cumplieron a rajatabla todos los que participaron en el Descenso.

Los detalles también se pudieron comprobar en otros lugares. Por ejemplo, en la gran cantidad de personas que se acercaron a las orillas para comprobar que la prueba era una realidad. Una de las pocas competiciones deportivas que se celebraban hoy en Galicia, también ausente de verbenas.

Por imperativo de las autoridades sanitarias y sus correspondientes normas, no hubo el habitual ‘atasco’ frente a la sede del Kayak Tudense, cuando barcos, deportistas, entrenadores, amigos y numeroso público se mezclaban de forma ‘desordenada’ dentro de un orden.

El Descenso también se acordó del ‘otro Descenso’, ese que juntaba a cientos de personas en una invasión del río Miño. No se celebró este año, pero esa idea se mantiene firme en el Kayak Tudense. No lo va a perder. “Es importante para Tui, para el piragüismo y para el club”, insiste Diego Piña.

El Descenso Internacional del Miño logró en su 49 edición mantener la leyenda y el carisma que le han convertido en una prueba arraigada, querida y respetada a partes iguales. Ayer escribió otra página brillante de su historia.