Mujer y con trabajo en la industria. Ese es el perfil mayoritario de las personas del Miño transfronterizo afectadas por el cierre de la frontera con Portugal según el análisis realizado por el AECT Río Miño sobre su registro de personas perjudicadas. La muestra, que estudió los datos aportados voluntariamente entre el 2 y el 18 de marzo, se presenta cómo representativa de la situación por la que está pasando la mayoría de trabajadoras y trabajadores transfronterizos en el territorio.

Uno de los datos estadísticos más relevantes es la diferencia significativa con respeto al género de las personas inscritas, ya que un 62% son mujeres y un 37% son hombres. Esto puedo explicarse por dos causas: una mayor decisión a la hora de registrarse y reclamar sus derechos, perjudicados por el cierre de los puentes; o bien, el hecho de que

la mano de obra transfronteriza, específicamente, entre el Baixo Miño y el Alto Minho, tiene una mayoría de género femenino. En todo caso, esta población fue la más perjudicada por el cierre del puente entre Tomiño y Vila Nova de Cerveira, siendo el quinto puente en movilidad entre España y Portugal, con 5.812 vehículos de media diarios, fue el único que, por no abrir, dejó incomunicados a dos Concellos.

En lo relativo al origen por sector económico, el análisis de los datos lleva a apreciar que el sector industrial es lo que ocupa a un mayor número de personas (50%). En menor medida, están las personas ocupadas del sector servicios, en el comercio y, finalmente, en la administración y servicios públicos.

En consideración al perjuicio provocado, y dentro de la lista de causas alegadas, el más comunicado es el grave aumento de distancia y tiempo, en el recorrido entre la residencia de los afectados a su trabajo y viceversa. El cierre del puente internacional, que obliga al desvío de la ruta, así como la espera para cruzar los controles, hacen de este factor lo más destacado en el perjuicio a las personas trabajadoras transfronterizas.

En segundo lugar, el 25.29% de los afectados acusan un incremento notable en el coste de sus desplazamientos, algo compatible con la primera de las causas presentadas. En tercer lugar, un 12.94% de las personas comunican que la situación les impidió, de hecho, poder cruzar la frontera para desplazarse a su puesto de trabajo.

Por último, el 1,76% de la muestra alegó un perjuicio puramente económico, derivado de la merma del número de clientes procedentes de la otra margen del río. Este caso es muy común, aunque no lo es en esta lista, dado que el perjuicio para muchos negocios de ambas dos orillas del Miño depende de los clientes de los dos países. En este caso, la movilidad que condiciona la actividad económica no es la del trabajador, sino la de los clientes.

El análisis del registro, así, desvela nuevamente que el restablecimiento de la frontera entre los dos Estados ibéricos, acordado a partir de 31 de enero de 2021, supuso un retroceso, a todos los efectos, para el territorio del río Miño transfronterizo, singularmente en las limitaciones sociales y económicas.

Dentro del daño causado por una decisión política se acredita que uno de los conjuntos más perjudicados es el de las y de los trabajadores transfronterizos, personas que, con independencia de su nacionalidad, residen en un país y trabajan en otro. Además de destacar los costes económicos y de tiempo buena parte de las personas inscritas mencionaron también el “cansancio físico y psicológico” que les produce esta situación.

El formulario aún se puede cubrir online en la web Smartminho con los datos sobre el tipo de perjuicio sufrido: pérdidas de tiempo, aumento de costes de viaje o reducción de clientela. La intención es que estos datos puedan servir de base para reclamar compensaciones para el territorio, para lo cual serán remitidas a las administraciones competentes en la materia.

El cierre de la frontera con Portugal, decretado el 31 de enero de este año, seguirá en vigor  al menos hasta después de 5 de abril y únicamente estará abierto 24 horas el paso de Tui y los de Arbo y Salvaterra seis horas diarias (tres de mañana y tres de tarde), y sólo para personas con necesidad acreditada para cruzar la raya.