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Con motivo del Día Mundial sin Alcohol, que se celebra mañana, 15 de noviembre, la Fundación Érguete-Integración ha lanzado una campaña de sensibilización elaborada por personas privadas de libertad en el Centro Penitenciario de A Lama y en el Centro de Inserción Social (CIS) Carmen Avendaño de Vigo.

La iniciativa combina formación sobre los efectos del alcohol con talleres creativos, en los que los participantes redactaron guiones y grabaron sus propias piezas audiovisuales destinadas a difundirse en redes sociales.

Bajo el lema “O erro foi meu. A elección é túa”, la campaña reúne cinco vídeos cortos publicados en las semanas previas y un vídeo principal que será difundido mañana. El conjunto aborda, desde experiencias personales y un enfoque divulgativo, cómo un consumo aparentemente social puede derivar en dependencia, enfermedad y exclusión. Las piezas también alertan sobre el impacto del alcohol en el rendimiento físico y psicológico, el riesgo de enfermedades, los peligros del consumo durante el embarazo, las alteraciones emocionales habituales y la mortalidad asociada al abuso de esta sustancia.

La frase central del proyecto está inspirada en los relatos de los propios internos. Uno de ellos reconoce que el alcohol marcó profundamente su trayectoria personal: “El alcohol me cambió. Me tiraba mucho más el alcohol que otras drogas. Cuando consumía no pensaba con claridad, no distinguía el bien del mal, era muy agresivo y eso me trajo muchos problemas”. Testimonios como este aportan autenticidad y fuerza a la campaña, presentada tanto en los centros penitenciarios como ante alumnado de formación profesional para sensibilizar a colectivos especialmente vulnerables por su edad o experiencias vitales.

Un proceso de aprendizaje y reflexión

Antes de crear la campaña, las personas participantes asistieron a diversas sesiones formativas en las que se analizaron los efectos del alcohol sobre el organismo, la salud mental, las relaciones sociales y el ámbito laboral. También reflexionaron sobre las dinámicas familiares y la toma de decisiones cotidianas, así como sobre la normalización del consumo en la cultura actual y la eficacia de anteriores campañas institucionales.

Este proceso derivó en un espacio de reflexión colectiva y personal. Muchos participantes reconocieron el papel central que el alcohol tuvo en sus historias de vida y en la comisión de delitos. Uno de ellos relató que su entrada en prisión también supuso dejar el consumo de alcohol: “Me costó mucho dejarlo, el mono del alcohol es horrible. Tenía frío, me encontraba muy mal, no tenía ganas de hacer nada, estaba muy agobiado. El mono lo pasé solo en mi celda. Me ayudó mucho leer libros”.

Otro de los internos explicó que, aunque no vincula directamente el consumo de alcohol con sus delitos, la actividad le permitió tomar conciencia de los riesgos y la importancia de transmitir ese aprendizaje a las nuevas generaciones: “Quiero educar a mis hijos para que, si consumen alcohol, lo hagan de forma adecuada. Hablarles sobre el tema y enseñarles las consecuencias”.

Estas aportaciones individuales, sumadas al trabajo grupal, han dotado a la campaña de un carácter profundamente educativo, conectando el mensaje con la realidad de quienes lo protagonizan y con las experiencias de las personas a las que se dirige.

Del ámbito penitenciario a la comunidad

El desarrollo de esta iniciativa ha proporcionado a los internos una vía para fortalecer su participación social y demostrar que la reinserción también implica contribuir al bien común, comprometerse con la comunidad y colaborar en su avance.

Con esta campaña, la Fundación Érguete-Integración reafirma su compromiso con la prevención del consumo de sustancias y con el trabajo educativo en contextos de privación de libertad, promoviendo procesos de cambio personal y colectivo basados en el trabajo grupal y la participación comunitaria.