ALFREDO // Meri con la misiva en el lugar donde hace 20 años encontró la botella

Son muchos los mensajes en botellas que aparecen varados en las costas de los diferentes países del mundo. El litoral español no es ajeno a este singular modo de comunicarse. A lo largo de los años han aparecido en nuestras costas varias botellas con misivas expresando el deseo de mantener contacto con la persona que la encontró.

Eso es lo que le ocurrió a Christian Marquis, un joven canadiense que a finales del siglo pasado lanzó al mar una carta en la que aportaba todos sus datos con la esperanza de quien la encontrase se pusiera en contacto con él. Su botella llegó a Oia en octubre de 2000 tras viajar más de 4.800 kilómetros por medio del Océano Atlántico.

La persona que la encontró no pudo entonces ponerse en contacto con el mensajero. “No había ordenadores, ni internet, ni redes sociales. Hice todo lo que pude, pero fue misión imposible”, explica Meri Rial Fernández, la vecina que halló la botella en la costa de Viladesuso hace justo 20 años. “Ha pasado mucho tiempo, pero él tenía entonces 16 años y seguro que querría saber que alguien encontró su carta, por eso decidí iniciar de nuevo la búsqueda”, declara.

El confinamiento y un amigo jugaron un papel importante a la hora de poner en funcionamiento la búsqueda del “joven” canadiense. “Durante el confinamiento decidí buscarlo de nuevo y darle forma a esta bonita historia. Lo busqué en las redes sociales, pero de momento no obtuve respuesta. El culpable de todo esto es un amigo que trabaja en París en el mundo de la moda. Me dijo un día en que el mar estaba claro que se podía ver EEUU, y yo le dije, se ve Canadá, que yo tengo un mensaje en una botella de un chico de Quebec, y me animó muchísimo a buscar a su autor”, afirma.

“Yo trabajaba de camarera en un bar de la zona. Ese día había temporal, y, Misto, un cliente de Pedornes y yo, decidimos bajar a las rocas a ver el oleaje y encontramos una pequeña botella de Coca Cola en cuyo interior había algo”, recuerda. “Llevamos la botella para el bar y la cortamos porque no salía su contenido por la boca. Era un mensaje. Estaba envuelto con film transparente y sujeto con dos pines de la bandera de Canadá”, rememora.

Desde entonces Meri cuidó la misiva como si fuera un tesoro. “La guardo en una caja con otras cartas de amigas y de amor de ex novios como el tesoro que creo que es, y eso que he hecho varias mudanzas”, reconoce con la carta intacta aún en la mano en el mismo punto donde halló la botella. “El sueño de quien la escribió era de que llegara a algún sitio, y se cumplió. Ahora me toca a mí, quizá surja una bonita amistad o sea el momento de conocer Canadá”, indica.