David González Iglesias fue ingresado en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo el domingo 23 de mayo. Allí se sometió a una operación para tratar una disección aórtica y permaneció ingresado hasta el lunes 31 del mismo mes. Después de casi perder la vida, David quiso escribir una carta de agradecimiento al personal sanitario que lo atendió. 

El cangués estuvo dos días en la UCI del hospital debido a esta enfermedad antes de ser dado de alta. Después de lo ocurrido reconoce que se encuentra bien y «sobre todo agradecido por estar vivo». Así quiso expresarlo en su carta en agradecimiento a los enfermeros del hospital:

410B. Me llamo David González Iglesias, nací un 14 de febrero de 1970 en un mundo que nada tiene que ver con el actual, ni mejor ni peor, diferente. Para mi desgracia, ya que siempre disfruté de la vida de la misma manera que un niño disfruta con sus compis de una tarde de juegos, fallecí el 23 de mayo de 2021… Fallecí digo, no, disculpad, un ejército de ángeles sin alas, vestidos unos de verde y otros de blanco se empeñaron en que eso no ocurriera. Y no porque mi vida tuviera más valor que la de cualquier otro ser humano o yo estuviese predestinado a alguna hazaña extraordinaria de la que dependiera el futuro de la raza humana, simplemente porque es su deber y ponen todas sus aptitudes al servicio de lo que ellos consideran que es lo que se debe hacer; disciplina y sacrificio al servicio de los demás.

No quiero parecer un iluso, sé de sobra que la gravedad de las situaciones a las que se enfrentan hace imposible que su esfuerzo llegue siempre a buen puerto. Incluido mi caso puntual, ya que estuve más cerca de allá que de aquí. Pero gracias a este ejército de abnegados puedo contarlo, y lo menos que puedo hacer por honrar su buena praxis es hacer llegar esta carta lo más lejos posible.

Estaré eternamente en deuda con ellos, pase lo que pase, porque si el desenlace de esta grave situación a la que me estoy enfrentando acaba jugando en mi contra, ellos me habrán dado la oportunidad de haber disfrutado unos días más del cielo azul primaveral del mágico lugar donde vivo, mi Galicia, y sobre todo de la presencia y amor incondicional de mi familia y amigos. Os imagináis (y esto ya es enfangar su nombre porque no se puede comparar la luz con la oscuridad, pero viendo lo que pasa en este país nuestro no quiero reprimirme), que castas y caspas, que es como yo denomino a los que nombraron a la casta por primera vez, se pusieran a hacer su trabajo con la misma dedicación que estos ángeles sin alas, ¿qué país seríamos?… Mi eterno reconocimiento y gratitud para ellos, los buenos… Especialmente por su dedicación y cuidado al personal de enfermería de la 4·B. Ell@s sí son ángeles sin alas. Mi más eterno agradecimiento y reconocimiento por su labor y su profesional.