El histórico artista Xoán Piñeiro, vinculado la mayor parte de su vida a Goián, tendrá finalmente una calle dedicada como homenaje al se cumplir 100 años de su nacimiento. La calle escogida para este reconocimiento es la que conduce al antiguo taller del artista, situado en el número 108 del barrio Tollo.

La iniciativa de la Fundación Xoán Piñeiro contó con el total respaldo del Concello de Tomiño, que tal y como viene haciendo con sus artistas, quiere valorizar su figura y destacar la contribución del artista a la cultura gallega y a la identidad del municipio.

La propuesta fue llevada al pleno municipal celebrado este jueves, resultando aprobada con el apoyo unánime de todos los grupos políticos de la corporación. El pleno se celebró a puerta cerrada con el fin de extremar las precauciones. Para mantener las distancias idóneas de separación entre personas los concejales ocuparon la práctica totalidad del salón de plenos.

Xoán Piñeiro nació en Nerga (Cangas) en 1920, aunque pasó buena parte de su vida en Goián, lugar que escogió para instalar su estudio y donde el propio artista descansa. Se formó en Madrid, de donde volvió en 1962 para instalarse en Vigo, donde comienza a trabajar dentro de las murallas del Castro. Dos años después se traslada definitivamente a Goián, montando allí su taller.

A pesar de que la pretensión del artista era el aislamiento, el taller de Piñeiro se convirtió en un punto de encuentro para muchas figuras vinculadas con el mundo de la cultura, tales como Eliseo Alonso, Xavier Pousa, Antonio Fernández, o artistas como Picallo, Antúnez o Silverio Rivas, así como multitud de aprendices que querían conocer de cerca el oficio de la escultura.

Piñeiro consiguió poner en marcha una técnica de fundición inexistente hasta el momento en Galicia, basada en la fundición en bronce a la cera perdida, por lo que puede decirse que es a partir de los años 70 cuando comienza a realizar gran parte de su obra en este material, convirtiéndose en un auténtico referente escultórico en este campo.

En 1991, una de sus hijas, Cuqui Piñeiro, reconvierte el taller del artista en una empresa de fundición profesional, perpetuando y ampliando su legado y el espíritu del escultor, con obra en todas las ciudades gallegas y con encargos en toda la península.