ALFREDO // Victoria y Noemí en la casa realojada de Mallón.

Tras los incendios forestales que asolaron O Val Miñor, muchas personas lo han perdido todo. Ese es el caso de Victoria Figueroa y Noemí Fialho, madre e hija y vecinas del barrio de Pracíns, en Chandebrito. Su casa quedó arrasada por el fuego tan sólo cinco minutos después de que ellas consiguieran escapar corriendo.

Ahora viven realojadas en una casa del Alto de Mallón, gracias a la solidaridad de los propietarios de la vivienda que les permiten estar el tiempo que necesiten y logren rehabilitar su casa. “Poco a poco íbamos haciendo algo en casa. Un mes una cosa. Para el mes que viene otra. Pero en cinco minutos lo hemos perdido todo,” explica Noemí con lagrimas en los ojos al recordar el sacrifico, tiempo y dinero que les costó hacer la vivienda. Ahora esperan a las ayudas prometidas por la Xunta para rehabilitar su casa ya que no tienen seguro.

La tarde de ese domingo Noemí estaba en un cumpleaños en Gondomar. Cada poco tiempo llamaba a su madre para ver como se encontraba al ver el avance de las llamas que se estaban acercando a Chandebrito.

Teníamos la finca muy limpia y no pensaba que llegaría a mi casa, pero el viento era muy fuerte y hacia mucho calor” relató la madre. Llamó a su hija para que volviera. Apenas se veía por el denso humo y temía que Noemí no pudiese entrar en el pueblo. Nada más llegar, la policía las mandó desalojar. “Vino un policía y nos mandó desalojar. Tengo grabado ese momento porque la cara del agente transmitía pánico y desesperación. Fue horrible. Nuestra casa estaba rodeada de fuego por todas partes. Cinco minutos después de irnos, el fuego la devoró” recuerda Noemí, aún impactada por lo sucedido.

Volvieron al día siguiente por la mañana. Su camino era de desolación al ver el paisaje todo negro. “Al pasar se nos puso la piel de gallina. Te daban ganas de llorar de rabia e impotencia” aseveró la madre. Pensaban que su casa no habría sufrido daños ya que los vecinos las habían intentado tranquilizar durante la noche, porque aparentemente su vivienda, vista desde fuera, parecía estar en buen estado, pero nada más lejos de la realidad.

Cuando Noemí entró en la casa “sólo pude gritar y gritar al ver mi casa carbonizada, fue horrible”, señaló. El estado del inmueble era desolador. La mitad de la edificación quedó completamente destruida y la otra muy dañada por las altas temperaturas que se alcanzaron. “A lo mejor hay algo que se puede recuperar, pero no mucho. Supongo que tendrá que venir alguien para que valore los daños” indicó Noemí.

Ahora esperan a las ayudas prometidas por el Gobierno gallego mientras viven realojadas en una vivienda en Mallón. Noemí trabaja en una perfumería y su madre en una casa en Vigo y no tienen recursos suficientes como para poder afrontar el gasto que supondrá volver a la normalidad.

CEDIDA // Su casa estaba rodeada por el fuego y tuvieron que escapar