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La popular Fiesta del Cine alcanza este mes de junio sus diez años de vida con la celebración de su decimosexta edición. Los días 3, 4 y 5 del próximo mes (lunes, martes y miércoles) un total de 326 salas de todo el territorio español ofrecerán a los usuarios pases por un precio de 2,90 euros. De todas ellas, tan solo cuatro se encuentran en la provincia de Pontevedra: Cinexpo en Pontevedra, Yelmo Cines Vigo y Plaza Elíptica en Vigo, y Gran Arousa en Vilagarcía de Arousa. En total suman 33 pantallas, una cifra irrisoria si lo comparamos con el número total de pantallas que participarían en esta edición, que ronda las 3.000. No obstante, no es tan preocupante el número de pantallas como el número de salas, y más aún su ubicación. Todos los habitantes de Tui, Gondomar, Baiona, A Guarda o Nigrán están obligados a desplazarse hasta Vigo si quieren disfrutar de esta promoción, lo cual deja en evidencia la mala situación del sector y choca con los objetivos del propio evento.

La iniciativa está organizada por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), la Federación de Cines de España (FECE) y la Federación de Distribuidores Cinematográficos (FEDICINE), y tiene como objetivo promover entre los ciudadanos la asistencia a las salas de cine como un hábito ya no solo cultural sino también social. El cine, pues, se entiende como un elemento dinamizador que permite fomentar valores culturales al mismo tiempo que se plantea como una actividad lúdica que generalmente se realiza en compañía de terceros. Por otra parte, los tres organizadores también buscan que la Fiesta del Cine sirva para agradecer la fidelidad de aquellas personas que son habituales en las salas de cine, algo cada vez más complejo debido a la enorme oferta y al éxito que experimentan las plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix, Amazon Prime Video o Movistar+.

Para conseguirlo, durante tres días las salas adheridas bajan el precio de las entradas más de la mitad, lo que anima a mucha gente a acercarse al cine. Esta estrategia de marketing, muy similar a las promociones o bonos que se emplean en otros ámbitos comerciales, ha resultado ser todo un éxito; solo en la última edición, celebrada el pasado mes de octubre, la Fiesta del Cine registro un total de 1.339.946 espectadores. Extrapolando los datos a los diez años de vida de esta iniciativa, se estima que a lo largo de las quince ediciones celebradas han sido más de 22 millones de personas las que se han acercado a una sala de cine para disfrutar de la campaña.

No obstante, esta democratización de la cultura, ampliamente celebrada por la ciudadanía a tenor de estas cifras, desaparece en aquellos municipios que no cuentan con ninguna sala de cine. La provincia de Pontevedra es una de las más afectadas en ese sentido, situándose a la cola de la lista junto con Lugo, que también cuenta con solo cuatro cines ubicados en Lugo ciudad, Monforte de Lemos, Ribadeo y Viveiro. De hecho, en 2013 la ciudad de Pontevedra se convirtió en la primera capital española sin cines tras el cierre de Cinebox Vialia, que más tarde fue sustituido por el actual Cinexpo.

Pontevedra no fue la única que vio cerrar las puertas de sus cines. En 2014 el cine Starcine de A Ramallosa dejó de proyectar películas en sus dos pantallas tras diez años de actividad, sumándose así al cierre de las salas de A Guarda, O Porriño o Cangas. El de A Ramallosa era el principal punto de referencia cinematográfico del Val Miñor y alrededores, ya que permitía a los habitantes disfrutar de los últimos estrenos sin tener que desplazarse hasta Vigo. Sin embargo, los beneficios que reportaba esta pequeña sala de cine no eran suficientes para mantener la infraestructura, y solo durante los meses de verano, con la llegada de turistas de diferentes puntos de España, aumentaba el número de espectadores. Tras el cierre de Starcine, la zona del Val Miñor solo cuenta con una sala, el Cine Imperial, también en A Ramallosa. Con todo, el Imperial, que mantiene la estructura de los cines de antaño, no cuenta con sesiones todos los días y está especializado en cine autor.

Wikimedia // La fabrica de nubes

Al Cine Imperial habría que sumarle los diferentes cines de verano que suelen desarrollarse en casi todos los municipios. No obstante, se trata de eventos puntuales que no ofrecen los mismos servicios que una sala de cine al uso y cuyas proyecciones suelen ser de películas de hace un par de años. Esta escasez de salas de cine en la comarca llama especialmente la atención si tenemos en cuenta el volumen de población. Xinzo de Limia, por ejemplo, tiene una población que ronda los 10.000 habitantes mientras que la de Tui está próxima a los 17.000, y mientras Xinzo cuenta con una sala de cine, Tui carece de ella. De hecho, el caso de Tui es el más llamativo ya que la ciudad fronteriza alberga cada año uno de los festivales de cine más importantes de Galicia. El Play-Doc, que alcanzó este año su decimoquinta edición, es todo un referente a nivel internacional en el campo documental, albergando cintas llegadas desde diferentes puntos del mundo y con una marcada apuesta por el cine gallego.

Con todo, y pese a la puesta en marcha de iniciativas como la Fiesta del Cine, todo parece indicar que las salas de cine solo conseguirán sobrevivir en las grandes urbes, e incluso en ellas su continuidad no está del todo asegurada. El avance de la tecnología y las nuevas formas de consumo audiovisual plantean un escenario incierto para el cine que, si bien no va a desaparecer, sí puede llegar a perder parte de su esencia al transformase.