Mauro Sanromán descubrió el ajedrez con apenas seis años, después de leer un libro sobre este juego de estrategia en el colegio. Desde entonces, no ha dejado de mover ficha. A sus 22 años, el joven de Nigrán ha disputado cientos de partidas presenciales y miles a través de internet, ha conseguido el título de candidato a maestro de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y acaba de dar un paso decisivo en su trayectoria: vivir profesionalmente del ajedrez a miles de kilómetros de Galicia, en Hong Kong.
Su nueva aventura comenzó en septiembre, cuando se trasladó a la ciudad asiática para trabajar como instructor en Active Kids, una empresa especializada en actividades infantiles que desarrolla programas extraescolares en colegios y clases en su propia academia. La oportunidad llegó de la mano de su entrenador, el gran maestro gallego Manuel Pena, que recibió una oferta para trabajar allí y le propuso incorporarse al proyecto.
«La verdad que dudé un poquito, pero me vine para Hong Kong para cumplir ese sueño», explica Mauro, que reconoce que la posibilidad de dedicarse profesionalmente a su pasión terminó pesando más que la opción de continuar en el sector tecnológico.
En los últimos años, Mauro ha consolidado una trayectoria ajedrecística que le ha permitido dar un salto de nivel. En 2025 consiguió el título de candidato a maestro de la FIDE, una distinción que se sitúa en torno a los 2.200 puntos de Elo y que representa, hasta ahora, su mayor logro individual.
Su palmarés incluye también el Campeonato de Pontevedra absoluto, que ganó al año siguiente de cumplir los 18, y su participación en la División de Honor gallega, la máxima categoría de la competición por equipos de Galicia.
En 2025, además, se proclamó campeón gallego y subcampeón gallego por equipos con el club Xadrez Mos, su equipo actual, con el que ha competido al máximo nivel autonómico. También ha disputado campeonatos gallegos absolutos, en los que se ha quedado cerca de subir al podio.
La competición por internet continúa formando parte de su rutina. Entre otras citas, participa en torneos online reservados a jugadores titulados, en los que puede enfrentarse a algunos de los mejores ajedrecistas del mundo. Sin embargo, su nuevo trabajo le permite ahora combinar la práctica del deporte con la enseñanza, una faceta que también le entusiasma.
Antes de dar el salto a Asia, Mauro terminó este verano la carrera de Ingeniería en Sistemas Inteligentes en la Universidad Intercontinental de la Empresa, en Galicia. Su formación combina conocimientos de ingeniería informática, inteligencia artificial y economía. Durante sus estudios también realizó una estancia Erasmus de seis meses en la India, entre diciembre de 2024 y mayo de 2025.
Tras finalizar la carrera, trabajó entre febrero y julio de 2026 como analista de datos en la consultora SDG, en Santiago de Compostela. Su intención inicial era continuar en ese ámbito, pero la propuesta de Manuel Pena cambió sus planes. «El otro me gusta, pero este me gusta más», resume al comparar la ingeniería con el ajedrez. Y cuando se le pregunta si ahora está cumpliendo su sueño, no duda, «es sin duda un sueño. No creo que pueda ser más feliz de lo que estoy siendo ahora mismo, haciendo esto».
En Active Kids, Mauro forma parte de un equipo de diez entrenadores dedicados a enseñar ajedrez. La empresa colabora con más de 60 colegios, en los que organiza actividades extraescolares de lunes a viernes, además de impartir clases grupales e individuales en su academia.
Sus alumnos tienen edades muy diversas. Los más pequeños comienzan con apenas cuatro años, mientras que buena parte de los estudiantes de mayor edad ronda los 15 o 16. Las clases se adaptan al nivel de cada grupo, desde quienes aprenden a mover las piezas por primera vez hasta jugadores que buscan perfeccionar su técnica. «Enseñamos desde cero hasta nivel alto», explica.
Las sesiones suelen durar entre una hora y una hora y media, y combinan explicaciones teóricas con tiempo para jugar. El objetivo es que los niños aprendan las reglas, comprendan las estrategias y puedan poner en práctica lo aprendido frente a otros compañeros.
La organización de las clases exige también una importante labor logística. Los entrenadores se desplazan cada día a diferentes centros educativos y la empresa facilita los tableros y demás materiales necesarios para garantizar que todos los alumnos puedan jugar.
La mayor parte de las clases se imparten en inglés, algo que ha supuesto una adaptación más para el joven nigranés. El equipo de entrenadores incluye profesionales de España y Latinoamérica, entre ellos tres gallegos, el propio Mauro, Manuel Pena y el maestro internacional Luis Medarde, de Santiago de Compostela.
La experiencia en Hong Kong también implica acostumbrarse a una realidad muy diferente de la gallega. Mauro vive en un apartamento de unos 20 metros cuadrados, con cocina, baño, habitación y salón, en una zona céntrica que le permite desplazarse en metro a buena parte de la ciudad en unos 30 o 40 minutos.
El elevado coste de la vivienda es uno de los principales inconvenientes que ha encontrado. La densidad de población y los precios inmobiliarios hacen que muchos residentes vivan en espacios muy reducidos e incluso compartidos. Aún así, asegura que se ha adaptado bien a su apartamento y que su salario le permite cubrir los gastos y ahorrar.
En su tiempo libre aprovecha para descubrir Hong Kong y conocer sus alrededores. Hace poco viajó a la China continental con sus compañeros gallegos y todavía tiene muchos lugares pendientes de visitar. Sin embargo, reconoce que entre las clases, los desplazamientos y la preparación de las lecciones no dispone de demasiado tiempo libre.
La gastronomía también le recuerda que está lejos de casa. Echa de menos la comida gallega, especialmente los platos familiares y las celebraciones navideñas, además de la cercanía de sus amigos y familiares.
Mauro tiene un contrato de dos años en Hong Kong, una etapa que afronta con ilusión y con la posibilidad de seguir desarrollándose como jugador y como entrenador. Aunque reconoce que echa de menos Galicia, considera que esta oportunidad profesional era difícil de encontrar en su tierra.
Su objetivo ahora es aprovechar al máximo esta experiencia, ganar conocimientos como instructor y continuar progresando en el ajedrez. Si las obligaciones laborales se lo permiten, espera regresar a Galicia en Navidad; en cualquier caso, tiene previsto volver durante el verano.
La distancia no ha reducido su vínculo con Nigrán, pero sí le ha abierto una puerta que llevaba años imaginando. Aquel niño que empezó a jugar al ajedrez a los seis años ha convertido su afición en una profesión y hoy enseña a nuevas generaciones en una de las grandes ciudades de Asia.
Una apuesta que demuestra que, en ocasiones, perseguir un sueño exige alejarse de casa y asumir nuevos retos. Para Mauro, el movimiento decisivo ya está hecho, ahora le toca seguir jugando la partida.
