Pablo Martínez: “Mirar a los ojos de la gente que allí habita no es fácil”
IRIS DURÁN // Pablo Martínez con un refugiado sirio que le llaman cariñosamente “el romántico de Katsikas”

Después de 7 días en Grecia la situación sigue siendo la misma, pero el haber estado allí las sensaciones son diferentes”. Pablo Martínez, del GES de O Val Miñor, acaba de regresar de Grecia en ayuda humanitaria con la ONG “Participa”. El voluntario estuvo en el campo de refugiados Katsikas, al norte del país, donde hay entre 300 y 400 personas en tiendas de ACNUR.

El objetivo de su viaje es preparar un proyecto que consta de una exposición fotográfica, un catálogo con fotos e información referida a la situación de las personas en busca de refugio y una serie de cuentos para niños donde se explique el concepto de refugiado.

Pablo contribuyó con la ONG para aportar su granito de arena y acercar al mundo la dura situación de los refugiados y donde Europa mira hacia otro lado. “Sirios, afganos, iraquíes o kurdos están a la espera de no se sabe muy bien lo que. Las condiciones son duras, hace mucho frio y viene el invierno con servicios muy escasos. La comida es la misma que los recibió hace seis meses, bollería, arroz y huevos” afirma Martínez.

Mirar a los ojos de la gente que allí habita no es fácil. Es imposible no sentirse un poco culpable. Aunque desde la televisión o el ordenador de tu casa todo se ve muy lejos, cuando llegas aquí y hablas con ellos te sientes identificado” comenta el miembro del GES de O Val Miñor.

En el campamento de Katsikas está el ejército, la policía, Médicos del mundo, ACNUR, que en estos momentos está montando barracones para sustituir las tiendas de campaña pero todavía es pronto para saber si habrá para todos, y muchas y muy variadas organizaciones y voluntarios que aportan lo que pueden.

Cada día es una incertidumbre. Puede llegar gente, que se lleven a otros en un autobús. El campo está lleno de niños, algunos adoptados, que juegan con cualquier cosa y que te piden que juegues con ellos”, relata muy emocionado Pablo.

Los refugiados están muy pendientes con sus móviles o portátiles de la redes sociales para estar en contacto con sus familiares y amigos, “aunque nos creamos diferente, muchos de ellos antes de la guerra tenían una vida prácticamente exacta a la nuestra con su familia, su trabajo o sus estudios” explica el voluntario.

Todo el trabajo que realizó Pablo será plasmado en una exposición fotográfica que captó con su cámara Iris Durán y que muestra la dura y difícil situación de los refugiados abandonados por el mundo en Katsikas.