Un banco en el mirador de Chandebrito recodará a los ciclistas fallecidos en el accidente de A Guarda
ALFREDO // Miguel Lago, ideador y creador del banco, y Alberto Vilar, presidente de la Peña Ciclista Val Miñor Os Mansos

A punto de cumplirse tres años del trágico accidente en el que murieron dos ciclistas y varios resultaron heridos, las peñas a las cuales pertenecían las dos víctimas, la Peña Ciclista Val Miñor Os Mansos y Os Bravos, quieren rendirles un homenaje con la colocación en el mirador de Chandebrito, de un banco de madera elaborado artesanalmente por Miguel Lago, otro miembro del club.

José Antonio Casas Pérez, Ñito, perdió la vida aquel fatídico 12 de marzo de 2016 en A Guarda. Su compañero de pelotón, Diego Freiría, tras casi diez meses luchando por sobrevivir, fallecía en el hospital Nuestra Señora de la Merced de Pontevedra. Ambos serán recordados para siempre “con su banco” que irá ubicado en el mirador de Chandebrito, desde el cual se divisa todo O Val Miñor.

Pero este banco de madera de castaño, también recordará a Xosé Comesaña, alma mater de la peña ciclista Os Mansos, que falleció el año pasado por causas naturales, al profesor José Antonio Vilán, vicerrector de la Universidad de Vigo y a todos los ciclistas que día tras día practican su deporte favorito por el monte.

La idea es colocarlo una semana antes de la prueba de la BTT, que se celebrará el próximo 24 de febrero, para que los participantes de la prueba lo vean. El banco estará situado muy cerca del monumento de los incendios de Chandebrito”, afirma Alberto Vilar, presidente del Club Ciclista Val Miñor Os Mansos.

La idea surgió de Miguel Lago, miembro del club ciclistas y el ebanista que realizó el banco de 1,70 metros de largo, 60 centímetros de diámetro y unos 200 kilos de peso. “Hace tres meses que comencé el banco. Cada día iba haciendo un poco. Con una motosierra devasté el tronco. Luego, con un formón tallé un casco, un libro y una botella de cerveza”, comentó Lago, quien asegura que es la primera vez que realiza una obra de este tipo.

Este accidente cambió la concienciación de los conductores, de los ciclistas e incluso, el de las instituciones, que sacaron los bloques de cemento del carril bici poco tiempo después. “Antes de cada diez coches que pasaban por ti, cinco o seis lo hacían de forma incorrecta. Ahora, cada vez que salgo a pedalear, que son unas tres horas, me encuentro con un sólo caso. Eso quiere decir que los conductores están más sensibilizados y respetan más a los ciclistas”, asegura Vilar, quien matiza que los elementos reflectores de la vía son un peligro para las finas ruedas de su bicicleta, al igual que las piedras o la suciedad que a veces se encuentran.

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